martes, 16 de agosto de 2016


EL DEPORTE Y LA COMIDA 


Precisamente en estos momentos en que los deportes están en todos los medios de comunicación gracias a las Olimpiadas de verano, que va a comenzar la Vuelta a España y también, de nuevo, el futbol de varios países, y cuando todavía el ejercicio físico al aire libre es más apetecible por las temperaturas y las horas de iluminación solar, se habla más de las dietas en el deporte y del deporte en las dietas.
Lo primero es que toda dieta debería acompañarse de ejercicio físico de manera habitual, y he dicho dieta en general pues la actividad física es necesaria para mantener lo mejor posible la salud.
Otra cosa es practicar deporte. En este caso, la dieta se deberá mantener, también equilibrada y variada, pero con ciertas modificaciones en función de la carga de trabajo deportivo y del momento de preparación o competición en que se esté.
Se debe tener claro que la comida, las formas de cocinado habituales, son la base de una buena dieta, que los suplementos nutricionales no aportan nada extra a una dieta bien diseñada y calculada y que aun en fases de alto rendimiento, tanto el valor calórico total como los componentes nutricionales necesarios, se pueden y se deben obtener con alimentos y platos normales.
La carga proteica, aun en el caso de tener que trabajar y desarrollar  la musculatura, se obtiene con facilidad con las fuentes proteicas habituales como son las carnes y los derivados cárnicos, pescados, legumbres, lácteos, huevos, etc, teniendo en cuenta que trabajos de entrenamiento muy intensos podrían aumentar las necesidades proteicas de los 0.5 mg de proteína por kilo de peso y día (admitido como el consumo diario de una persona con actividad física normal, aunque hay estudios que rebajan más esta cantidad) hasta niveles cuatro, seis e incluso ocho veces este valor, solo con la dieta  y sin tener que añadir suplementos.
Además, al utilizar proteínas de alimentos, no concentradas, ingerimos sales minerales y vitaminas que mejoran su aprovechamiento y uso en el recambio y creación de musculo, sin que exista un exceso inmanejable que se transformará en energía o grasa y sobrecargará los sistemas metabólicos, sobre todo en hígado y riñón.
La energía y las reservas de glucosa, como bien saben todos los deportistas, se deben ir creando a partir de, básicamente, alimentos ricos en hidratos de carbono. Es por esto que el arroz y la pasta se utilizan tanto, preferentemente antes de las competiciones, para llenar las reservas musculares y hepáticas de glucógeno, sin olvidar productos como la patata, las frutas, los lácteos, etc, que también son buenas fuentes de hidratos de carbono, además de aportar muchísimas sales minerales y vitaminas.

Una de las fuentes energéticas usadas en fases de competición, para evitar sufrir agotamientos bruscos son las barritas energéticas, que no son un sustituto de una alimentación bien calculada, sino el apoyo a la misma. De todas ellas, la primera, la de uso más antiguo, pero la más desconocida aunque sea la más española, es el turrón y sus múltiples variaciones, pues une a la miel los frutos secos, con todas sus propiedades nutricionales. El turrón era una de las maneras en que nuestros antepasados podían transportarse y tener una fuente energética alimenticia en buenas condiciones de conservación durante meses, y con un peso no muy grande para ser transportado.

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